jueves, 10 de marzo de 2011

Sangre en la piscina (así no tenéis que buscar)

(No me he podido resistir. Como es obvio, me permitiréis que se lo dedique a Juan Andrés).


10 de Noviembre de 1.956. Las columnas de humo podían divisarse desde
varios kilómetros. La ciudad y, especialmente, su población, estaban siendo masacradas por los tanques soviéticos.

Ervin…¿qué crees que está pasando?                                             
No lo sé, pero no es nada bueno.
Dicen que quieren sacarnos de aquí y llevarnos a otro país a entrenar…
No quieren que nos veamos afectados… ¡menuda panda de hipócritas!


Los estudiantes, los intelectuales y después todo el pueblo húngaro habían decidido liberárse del yugo opresor del comunismo, impuesto tras la II Guerra Mundial. Pero no estaban preparados para enfrentarse al ejercito soviético.

Ervin…
¿Si?
¿Has visto la prensa?

¿No vas a decir nada?
No sé cómo pudieron pensar que no nos enteraríamos….
¿Y nuestras familias?
Estarán allí, estoy seguro, esperando a vernos jugar. A vernos ganar.
¿Cómo puedes decir eso?
Porque hemos venido a jugar a waterpolo y es lo que vamos a hacer. Como si nos fuera la vida en ello.


Cuando cesaron los ataques de la aviación y los tanques soviéticos se retiraron de Budapest, 2.500 personas habían muerto, 13.000 habían sido heridas y se calcula que 200.000 habían huido como refugiados.


6 de Diciembre de 1.956 - Olimpiadas de Melbourne.
En la pileta, los equipos de Hungría y la URSS disputan una de las semifinales.

Ervin…
No te callas ni bajo el agua, tio.
Es que vamos a ganar.
Sí, además de que nos hemos pegado una buena somanta de palos. Esto parece boxeo.
Da igual, vamos a barrerlos. Joder, ojala mi madre estuviera aquí.
Pues alguna sí que va a estar, por la gloria de la mía.
¿Qué vas a hacer?, ¿adónde vas?....


Ervin Zador se encara con su marcador, Prokopov, y le suelta a bocajarro:

¿Sabes una cosa, jodido soviético hijo de la gran…rusia? Vas a perder. Y nada podría hacerme más feliz.

La cara ensangrentada de Zador por el violento puñetazo que recibió de su contrincante dio la vuelta al mundo. El público quería linchar a los soviéticos que tuvieron que ser sacados de la piscina a toda prisa. Y finalmente, Hungría ganó la medalla de oro tras imponerse a Yugoslavia.

Sólo eran siete, pero ganaron en su pequeña revolución ante los todopoderosos.
Como auténticos héroes.

9 comentarios:

El guardian del Faro dijo...

Pero también pagaron un precio: no volvieron a su tierra.

Ervin Zador se fué a EEUU, donde entrenó a un niño muy majo. Se llamaba ( y se llama) Mark Spitz.

Fer dijo...

Mooooooola !!!... que historia tan interesante, guardian.

Saluditos

HombreRevenido dijo...

Gran historia

El guardian del Faro dijo...

A mí así me lo parece, aunque algunos hablen de ella como una mancha para el deporte en general y el olimpismo en particular.
Pensar que el deporte puede mantenerse alejado de la vida cotidiana, no sólo me parece estúpido es que me resulta impensable.
El público, mismamente, se posicionó desde el principio con Hungría, en un ejercicio de solidaridad humana inevitable.

Pensar que esos muchachos tenían sólo 20 años y no tuvieron reparos en echarse sobre sus espaldas la dignidad de su pais, aún la hace más grande.

La pequeña Meg dijo...

que historia!!! la desconocia!!!

El guardian del Faro dijo...

Como todos, Meg...el que estuviera allí ese día que levante la mano.:D

Elvis dijo...

Siempre he dicho que no es bueno mezclar la política con el deporte, pero hay casos en que... !qué coño!... a por ellos!!!
Muy buena historia.
Besos.

pseudosocióloga dijo...

Me encantan tus historias sobre historia, ya te lo he dicho otras veces....

El guardian del Faro dijo...

Gracias, Elvis y Pseudo, aunque ya sabéis que esta hitoria no es mía.

Ma alegra que os guste que la haya contado. ;DD

besos